Bares con terraza

Bares con terraza

Las terracitas de nuestros bares… ¡qué lugares!

Bares con terraza

Entre otras leyes que se alejaban de la política pura e iban destinadas a atender las voces de los ciudadanos o de parte de ellos, el presidente más original y sorprendente de los que hasta ahora hemos disfrutado, José Luis Rodríguez Zapatero, dio a luz a la ley antitabaco.

Si hubiese pensado en el revuelo que iba a provocar,  se hubiese estado quietecito, pero él era así de impulsivo y buscaba pasar a la historia por leyes como ésta, por abordar algunas cuestiones que nos alejaban de Europa, donde estos asuntos estaban ya superados.

Cuando vieron que la cosa iba en serio, los fumadores pusieron el grito en el cielo, sus protestas estaban en todas las tertulias, los periódicos escribían sobre la reacción y la opinión de la gente cuando no de la propia; en los telediarios encuestaban a los ciudadanos en plena calle. Ambos medios ponían de manifiesto la división suscitada entre fumadores y no fumadores.

Pero los más afectados, los que veían peligrar su negocio, se echaron a temblar.

A los propietarios de bares y restaurantes se les planteaban muchos interrogantes: ¿cómo advertir o exigir a un cliente de toda la vida que deje de fumar cuando, hasta ese momento, era lo más normal del mundo?, ¿cómo iba a subsistir un negocio que dependía, en gran medida, de los fumadores a los cuales se les prohibía la entrada?.

No podían darle una respuesta fácil, se veían echando el portón para reconvertirlo en local clandestino, en un fumadero de Ducados y Fortuna, amén de puros o puritos.

Pero no llegó la sangre al río y se tomó una solución intermedia y momentánea que ni convenció ni contentó, además de dividir aún más a los “sí” y a los “no”. Se permitió a los bares dividir el local en dos zonas, para permitir fumar en una de ellas. Como si el humo pudiese dirigirse y mantenerlo en su zona, como si el olor que desprende pudiese encerrarse; aún estábamos lejos de los cigarrillos educados que guardan sus miserias para sus amantes y sin que trasciendan. Además, ¿qué iba a pasar en la barra, cómo dividirla, quién pagaría el muro?

Los empresarios del sector hostelero empezaron a mirar a Europa y vieron las terrazas adosadas al bar, siendo una parte importante si no la más. ¿Por qué en ciudades mucho más frías y lluviosas que las nuestras existen terrazas en las aceras desde hace décadas? Por ejemplo, los bistrot parisinos con sus terrazas han llegado a ser tan típicos como la torre Eiffel o, mejor dicho, lo fueron mucho antes.

Así que ataron cabos y dieron con la mejor solución para respetar la nueva ley y no perder negocio. Cualquiera se hubiera preguntado, hace unos años, sobre la escasez de terrazas en una ciudad donde impera el sol y el buen tiempo. La causa es/fue la comodidad y la economía, porque servir a los clientes en una terraza requiere más personal; por la misma razón un mismo servicio se cobra más caro en la terraza.

Pero a la fuerza ahorcan. Si se quería recuperar y fidelizar a clientes fumadores, esos arrojados que no se dejan asustar tan fácil, había que poner una terraza, aunque fuera ocupando la acera y pagando el correspondiente impuesto.

Así que ya ven, la administración te crea un problema, te invita a solucionarlo tú mismo y si encuentras una salida te cobra por franquearla. En fin, el que no se consuela es porque no quiere y el empresario se dice que tiene más espacio y dos ambientes.

Los fabricantes de cerveza, vino, café o refrescos se ponen las pilas ante la nueva situación y, a cambio de publicidad y de que se consuma su producto, proporcionan mobiliario para las nuevas terrazas.

Los más pudientes ponen un toldo que protege a sus clientes del sol o  acristalan las terrazas y los protege del viento, colocan estufas para amortiguar el frío y evitar que se les vacíen. Más y más gastos porque los clientes son cada día más exigentes y prefieren estar fuera, cómodos, sin agobios ni estrecheces, para fumar libremente o disfrutar del sol, las vistas, el paso de la gente…

En poco tiempo los bares con sus terrazas aportan una nueva fisonomía a la ciudad. Los ciudadanos la aceptan de buen grado, los turistas no dan crédito y agradecen disponer de tantos sitios para ponerse como salmonetes por fuera y morados por dentro. Si antes eran el refugio para los que no querían estar en casa o volver a ella temprano, para la tertulia o la partida, ahora añaden nuevos clientes sea lo que sea lo que busquen, ahora pueden elegir dentro o fuera.

En Almería siempre hemos tenido terrazas, menos de las que el tiempo permite. Ahora están de moda y lo que nació siendo una solución para paliar los daños que una ley ciega estaba causando, se ha convertido en un aliciente añadido a los que ya ofrecían los bares. No hay bar que se precie que no disponga de una. Los que no la tienen o están en curso colocan un tonel con un cenicero y que se las apañen.

[UNSET]
La Terraza de Patio de Vecinas

Para confirmar esta realidad, os rogamos que hagáis comentarios señalando la que, a vuestro parecer, es la mejor terraza por su situación, amplitud, mobiliario, orientación, vistas, atención del personal …o por otra razón.

Empiezo yo: durante el día una de las mejores terrazas por estar soleada, bien atendida, buenos desayunos y excelentes tapas es la del Piscolabis en la Avenida de la Estación; durante la noche la de Patio de Vecinas, con vistas a la Alcazaba y un ambiente chill out muy buen rollista.

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