Mesón Altamira

Mesón Altamira, un despropósito


     Cuando deseas ir a tu bar preferido y está completo, parece una buena idea probar nuevos sitios. Una buena oportunidad para conocer un local al que nunca has ido. Mesón Altamira, en Calle Altamira de Almería. Y digo parece porque no siempre lo es. Craso error fue asomarnos para ver si había una mesa libre. Craso error hacer caso de aquellas amables señoras que, con la mejor intención, nos cedieron su mesa. La ocupamos y, en breve, cobraría título lo que, posteriormente, llamamos  “Aquel lugar al que no volveríamos ni hartos de Lacasitos”.

     El local tiene una terraza bastante amplia al coincidir justo con la esquina, aunque el interior es bastante pequeño, no más que para cinco o seis mesas. En cuanto a la decoración, brillaba por la ausencia de cualquier criterio válido. Lo que pudo haber sido una desgracia quedó en anécdota al abrirse, por acción del viento, uno de los ventanales que casi golpea a uno de nosotros. No fue así gracias a los felinos reflejos de nuestra compañera que, de un manotazo, paró la ventana con alto y sonoro “¡¡Chacho!! ¿Pero qué mierda es esto?”. Mesón Altamira había intentado asesinarnos.

El camarero, lejos de avergonzarse, miró hacia otro lugar ignorando lo sucedido y dejando a nuestra heroína con la obligación de cerrar correctamente la ventana por su propio bien y el de todos los futuros clientes.

Claro está que lo que mal empieza, mal acaba.

Continuamos con la primera ronda de pedidos. Nos dispusimos a valorar la tapa almeriense por excelencia: “Lomo a la plancha” y las supuestas bravas que ofertaban en una triste carta pegajosa.

Buen aspecto ofrecía el lomo, a priori  algo sencillo, una cinta de lomo, un poco de pan y una rodaja de tomate. Todo esto nos llegó arruinado por un tomate de mala calidad, un pan que se había intentado calentar en la plancha pero había resultado quemado y unos sobres de mayonesa que completaban una de las peores escenas culinarias que jamás habíamos visto.

Las bravas no hacían ni de lejos honor a su nombre y confirmaban lo que ya rondaban nuestras cabezas al casi morir aplastada una de los nuestros. “Una ronda y nos vamos”. Mesón Altamira no merecía ni un solo crédito más. El plato, al que podríamos titular “Sopa de algo llamado Bravas”, dejaba ver entre pepitas de tomate lo que parecía agua tintada de rojo. El sabor tampoco lo arreglaba. Patatas semicrudas, salsa de tomate que ni de lejos era brava y, para rematarlo, las dichosas semillas que adornaban el conjunto.

No contentos con este cuadro, digno del mismísimo Salvador Dalí, al recoger los vasos, el inepto camarero, creemos que retoño del dueño, dejó caer lo que quedaba en el fondo de los mismos encima de este servidor.

No creáis que ofreció disculpas o trató de limpiar lo derramado, rebotó hacía la cocina mientras gritábamos desde nuestra mesa: “¡La cuenta por favor!”. Tampoco le importó que nos fuéramos, resultando más bien todo un alivio para él.

Nuestra recomendación por lo tanto es que no os acerquéis a ese lugar a menos de 150 metros. Mantened en todo momento la distancia de seguridad por si las salpicaduras y por si, de nuevo, el ventanal cobra vida.

2 comentarios en “Mesón Altamira, un despropósitoAñade un comentario →

  1. Aún puede empeorar. Ha cambiado de dueño, ahora se llama ‘El Pescador’ y es aún peor que antes (las tapas de pescado a la plancha saben a lomo de cerdo)

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