Toneles Bodega Montenegro

Bodega Montenegro, ¿qué te ha pasado?

Montenegro ¡quién te ha visto y quién te ve!

Eras una bodega que presumía de tener vinos nuestros, de la tierra, que exhibías en grandes toneles con grifos, que servías en vasos que hoy llaman cañas y acompañabas con garbanzos, cacahuetes o aceitunas. Ni más ni menos. Así era la Bodega Montenegro.

Hoy eres un bar que presenta una carta con 10 “tapas elaboradas”, 8 “tapas frías”, 9 “fundidos”, 5 “tapas de pescado”, más el pescado del día,  y 7 “raciones”, de pescado todas ellas. Tapas atrayentes, de las que al leerlas ya las quieres en la mesa, por ejemplo el tabernero, las patas de cerdo, la pipirrana, el bacalao, el cazón, el lomo al ajo, la asadura… Así hasta 32.

Carta Bodega Montenegro

Nos acogiste, nos invitaste a sentarnos, nos diste tiempo para leer toda la carta, valorarla, decidirnos por una y la siguiente. A mirar al camarero ocioso que parece ignorarnos. Esperamos con paciencia que ese portento de la hostelería arrancara, que tome la salida de boxes y, tras sortear un par de mesas, llegue a la nuestra para ver qué demonios queremos.

Pues no fue así, y tras varios minutos nos vimos obligados a ir a la barra a pedir.

Mire usted Sr. Montenegro, un par de cervezas si no es molestia y dos tapas de…

Mientras esperábamos curioseamos mirando a todos los lados. La decoración, las vigas de madera del techo, las barras que colgaban de ellas y los jamones colgados en las barras, así como una rosca de pan de gran diámetro, los toneles y estanterías con botellas de vino… El ambiente de fondo era un olor a fritura que escapaba de la cocina y lo inundaba todo, siendo lo peor que captamos.

Ya sobre la mesa el pedido, echamos de menos unas servilletas. No había servilletas en ninguna mesa. En todo el local. No de hilo de Escocia, de papel, esas que viven aprisionadas en contenedores con publicidad de cerveza.

No estabamos preparados para ese pan, tan duro como el que colgaba.

Pero la sorpresa del día la reservaban a la presentación de un fundido sin queso. Sin palabras, así nos quedamos.

Los fundidos de Montenegro sin queso

Nos esforzamos. Lo intentamos con las tapas, bebimos las cervezas, pagamos y salimos huyendo del Montenegro.

Ahora, Montenegro, eres más pretencioso. Has diversificado la oferta. Te has remozado y presentas otra cara más atractiva. ¡Bien por la renovación! Pero has descuidado los detalles y la atención que el público merece.

3 comentarios en “Bodega Montenegro, ¿qué te ha pasado?Añade un comentario →

  1. Soy una asidua del Montenegro y, verdaderamente, me asombra su comentario. Es un lugar confortable, generalmente bien atendido y con tapas de cocina tradicional sin comparación. El lomo al ajo o a la jardinera así como sus manitas de cerdo son de una elaboración inigualable y no hay bar en el que te puedas comer una ración de calamar de potera tan fresco y bien frito. Me sorprende enormemente lo dicho en el artículo. Quizás pilló mal momento por alguna circunstancia pero si le digo que ya quisieran la mayoría de los bares de Almería tener una cocina tan bien elaborada como la del Montenegro.

  2. Pues yo corraboro lo dicho ,un domingo fuimos las mesas de dentro llenas ,nos pusimos fuera había dos mesas vacías ,tardaron 20 minutos en atendernos y dentro dos personas en la barra y una fuera,se ve que que con las mesas de dentro tenían suficiente y las dos de fuera no les convendrían, el servicio lento en traer la bebida y las tapas.
    A favor las tapas eran de calidad ,pero lentos a rabiar con 4 mesas dentro y dos fuera…

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